En Inkami cada proxy foil nace a mano en el taller: capas separadas en pantalla, tinta inkjet, máscaras láser, papeles apilados y foil holográfico selectivo. Nada de una sola pasada en impresora UV. El resultado pide tiempo — y ese tiempo se nota al tacto.
Vivimos rodeados de imágenes que aparecen en un instante: la IA genera, itera y descarta antes de que el ojo alcance a enamorarse. Hay algo hermoso en esa velocidad — y también algo que se pierde. El humano y el arte necesitan volver a tocarse: manos que dudan, papeles que no perdonan, un foil que se coloca un milímetro más a la izquierda y cambia toda la carta.
Confeccionar un proxy así es deliberadamente entretenido. Separar capas, probar, fallar en lo pequeño, mejorar al día siguiente. Un proceso completamente artesanal, como en el inicio de los oficios: no hay atajo UV, no hay barniz que simule el brillo. Hay oficio, paciencia y la alegría quieta de descubrir microvariaciones que solo aparecen cuando uno trabaja con las manos.
Muchos proxies del mercado salen de una sola pasada en impresora UV o flatbed. Nosotros armamos el proxy como un sandwich de papeles impresos y tratados por separado: color en inkjet, detalle y máscaras en láser, y foil solo donde el diseño lo pide. Más lento de producir, sí — pero con control real sobre brillo, registro y tacto.
No usamos ninguna máquina industrial. El taller trabaja con herramientas de escala humana: impresora, láser de mesa, papeles, foil y manos. Eso no es una limitación — es el método.
El orden importa. Cada capa se imprime o trata antes de unirse a la siguiente — y en cada unión el taller aprende un poco más.
Antes de tocar papel, abrimos el diseño en Photoshop y lo desarmamos con cuidado: qué vive en color, qué irá al láser, qué merece foil. Separar capas no es un trámite — es aprender a ver la carta como un cuerpo hecho de planos.
La base cromática nace en inkjet de alta fidelidad, tinta sobre papel específico. El color no se cura bajo luz UV: respira en el soporte, con la profundidad que solo da una pasada pensada.
Con láser marcamos, cortamos o preparamos las máscaras que dicen dónde brillará el foil. Trabajo selectivo: solo brilla lo que debe brillar. El resto queda en silencio.
Montamos varias hojas distintas —base, intermedias, acabado— alineadas a mano. Cada microdesajuste enseña algo; cada día el registro mejora un milímetro. Ese aprendizaje lento es el oficio.
Aplicamos la lámina holográfica por zonas, no a carta completa. El foil se integra al sandwich de papeles y se sella con el acabado: un destello que no se imprime, se coloca.
Cortamos al formato TCG (63 × 88 mm), redondeamos esquinas y revisamos registro, brillo y limpieza. Aquí no hay “render final”: hay una pieza física que se mira de cerca.
Cada proxy viaja y se guarda dentro de una carcasa de acrílico transparente rígido (63 × 88 mm): protección para el foil, el sandwich de capas y tu colección.
El resultado no pretende ser una réplica industrial de una carta oficial. Es otra cosa: un objeto de colección con más carácter y, sí, un poco más de grosor que una carta original — consecuencia natural de varias capas de papel y foil. No es un defecto: es la huella del sandwich artesanal.
Quien colecciona no busca lo más delgado del mercado. Busca una pieza que se sienta hecha, que guarde la historia de las manos que la armaron y el brillo que solo el foil selectivo puede dar.
Te invitamos a crear los tuyos. Con una impresora de casa, papeles que ya tienes a mano, tijeras, adhesivo y un poco de foil o elementos reflectivos, se pueden alcanzar resultados excelentes. Las mismas ideas —separar capas, apilar papeles, aplicar brillo solo donde importa— funcionan sobre una mesa de comedor.
No hace falta una fábrica. Hace falta curiosidad, paciencia y ganas de ensuciarse un poco las manos. Si llegas a armar uno, cuéntanoslo: el oficio crece cuando se comparte.
Pronto subiremos tomas del proceso real: capas de papel, máscaras láser y la aplicación del foil. Mientras tanto, estos espacios marcan dónde irá el material.
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Puedes armar el tuyo en casa con estas técnicas, o llevarte uno del taller listo para coleccionar — cada proxy foil incluye carcasa de acrílico. Si tienes dudas de archivo, foil o materiales, escribe al taller.